Cursé taller 4 dos veces. Debo decir que fue
un proceso para mí, todo un desafío volver a pasar por las prácticas, sin saber
qué sala me tocaría.
La segunda vez, realicé mis prácticas
en sala de 4, con mucho entusiasmo, pero con nervios y miedos a la vez.
Comencé, involucrándome con los niños y con la maestra, ella me hacía sentir parte
de la sala. Con el tiempo, este vinculo se fue afianzando cada vez más, pude
dar mis actividades segura, tomando y reformulando todo lo que me decían mi
profesora y la maestra. Así pude afrontar cada vez mis miedos, usando recursos
para convocar al grupo, y poder reunirlos en una ronda o simplemente cuando
tenían que sentarse para realizar una actividad. En la 3° semana, en la salida,
una mamá se acerca a mi, y me dice Nicanor te nombra siempre en casa, dice Seño
Naty, vive hablando de vos, se nota tu vinculo para con mi hijo y con el resto
del grupo. Esto me llenó de felicidad, siempre los recibo con una sonrisa y con
amor. Llegando casi al final de mis prácticas, siento que superé mis miedos,
que pude enseñar lo que transmití, me fui con mucho aprendizaje con todo, tanto
planificación hasta lo que enseñaba la maestra y el amor que transmitía. Me fui
extrañando al grupo que me acompañó y acompañé durante 5 semanas. Formándome en
mi carrera, construí vínculos de los que no me puedo olvidar.
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