El día martes 24 de mayo, asistí al museo, con mi profesora de prácticas del taller 4. Salimos del profesarado en micro hacia el museo, tendríamos una visita guiada a las 15:00 hs.
A las 18:00 hs volvimos en micro al profesorado.
Expusieron sus obras Leandro Elrich y Bernardi Roig.
El Museo se encuentra en:
Av. Antártida Argentina (entre Dirección Nacional de Migraciones y Buquebus). Entrada por Apostadero Naval, Dársena Norte.Martes a Domingos de 11 a 19 hs.
Historia del hotel de inmigrantes:
Con el advenimiento de la Revolución Industrial y los
cambios sociales, económicos y políticos que trajo aparejada miles de
personas se vieron impulsadas a emigrar en busca de mejores horizontes.
Hasta la década de 1870 los viajes transoceánicos eran muy largos pero
las mejoras tecnológicas lograron acortarlos a un par de semanas. A
partir de ese momento los contingentes de inmigrantes se fueron
acrecentando año tras año. Esta situación obligó a las autoridades
nacionales a brindar un auxilio efectivo a los recién llegados.
Distintos inmuebles fueron utilizados para este fin hasta que a fines
del siglo XIX se hace imprescindible encarar la construcción de un
complejo que tuviera todas las comodidades y servicios necesarios para
la atención adecuada de los recién llegados.
En 1905 comienza la construcción del complejo, la primera obra fue el Desembarcadero con todas las comodidades para atender a los pasajeros de 1º, 2ª y 3ª clase y las oficinas de Aduana, Prefectura y Dirección Nacional de Higiene terminada a fines de 1907. Al año siguiente se construyó el edificio de la Administración y de la Dirección. En 1909 se levantaron la Enfermería, Lavaderos y Baños. Por último se construyó el edificio donde estarían el comedor y los dormitorios que fue inaugurado en 1911. En la planta baja funcionaban el comedor, la cocina, la panadería y la carnicería, en los tres pisos superiores estaban los dormitorios, cuatro por piso con capacidad para 250 personas cada uno. Este edificio fue uno de los primeros construidos en hormigón armado de la ciudad y respetaba todas las normas del Higienismo de la época: paredes azulejadas, grandes ventanales para ventilar, amplios corredores y escaleras de fácil limpieza.
La rutina de los que se alojaban era muy estricta, a las seis de la mañana las celadoras despertaban a los huéspedes y se organizaba el desayuno por turnos de mil personas. Luego las mujeres se ocupaban del lavado de la ropa y los niños mientras los hombres tramitaban su colocación en la oficina de trabajo. Todos podían entrar y salir libremente del Hotel. Al mediodía se servía el almuerzo, cuyos menús variaban entre sopa, guiso con carne, puchero, pastas, arroz o estofado, y a las tres de la tarde la merienda para los niños. A partir de las seis comenzaban los turnos de la cena y a las siete se abrían los dormitorios. A lo largo del día se ofrecían cursos sobre el uso de maquinaria agrícola, labores domésticas, también había conferencias y proyecciones sobre historia, geografía y legislación argentina. El período de alojamiento estaba estipulado en cinco días según la ley, pero muchas personas pudieron permanecer por más tiempo.
El Hotel funcionó hasta el año 1953, y a lo largo de su historia se alojaron alrededor de un millón de personas. En 1990, mediante el Decreto Nro. 2402, fue declarado Monumento Histórico Nacional.
En 1905 comienza la construcción del complejo, la primera obra fue el Desembarcadero con todas las comodidades para atender a los pasajeros de 1º, 2ª y 3ª clase y las oficinas de Aduana, Prefectura y Dirección Nacional de Higiene terminada a fines de 1907. Al año siguiente se construyó el edificio de la Administración y de la Dirección. En 1909 se levantaron la Enfermería, Lavaderos y Baños. Por último se construyó el edificio donde estarían el comedor y los dormitorios que fue inaugurado en 1911. En la planta baja funcionaban el comedor, la cocina, la panadería y la carnicería, en los tres pisos superiores estaban los dormitorios, cuatro por piso con capacidad para 250 personas cada uno. Este edificio fue uno de los primeros construidos en hormigón armado de la ciudad y respetaba todas las normas del Higienismo de la época: paredes azulejadas, grandes ventanales para ventilar, amplios corredores y escaleras de fácil limpieza.
La rutina de los que se alojaban era muy estricta, a las seis de la mañana las celadoras despertaban a los huéspedes y se organizaba el desayuno por turnos de mil personas. Luego las mujeres se ocupaban del lavado de la ropa y los niños mientras los hombres tramitaban su colocación en la oficina de trabajo. Todos podían entrar y salir libremente del Hotel. Al mediodía se servía el almuerzo, cuyos menús variaban entre sopa, guiso con carne, puchero, pastas, arroz o estofado, y a las tres de la tarde la merienda para los niños. A partir de las seis comenzaban los turnos de la cena y a las siete se abrían los dormitorios. A lo largo del día se ofrecían cursos sobre el uso de maquinaria agrícola, labores domésticas, también había conferencias y proyecciones sobre historia, geografía y legislación argentina. El período de alojamiento estaba estipulado en cinco días según la ley, pero muchas personas pudieron permanecer por más tiempo.
El Hotel funcionó hasta el año 1953, y a lo largo de su historia se alojaron alrededor de un millón de personas. En 1990, mediante el Decreto Nro. 2402, fue declarado Monumento Histórico Nacional.
La Universidad Nacional de Tres de Febrero recuperó y
es continuadora de este museo fundado en 1974, situado en el espacio
del viejo Hotel de Inmigrantes, para el desarrollo de un ámbito
permanente de memoria y homenaje destinado tanto a quienes vinieron
desde Europa, Asia y África a compartir este suelo con intensidad, desde
la segunda mitad del siglo XIX, como a nuestros hermanos sudamericanos
que concretan la permeabilidad que impulsa nuestra legislación.
De esta manera, la UNTREF retoma un espacio tanto para la construcción de la memoria histórica como para la reflexión de las condiciones actuales de las migraciones; respetando a los inmigrantes que se afincaron y encontraron una patria y reivindicando al mismo tiempo a los pueblos originarios que están en la base de nuestra nacionalidad. Este Museo de la Inmigración, tiene como rasgo diferencial el presentar al público la experiencia del migrar en sus tramos del viaje, la llegada, la inserción y el legado, procurando que el espectador indague en las condiciones del migrante del pasado tanto como en las actuales, con la inclusión de documentación histórica, fotografías, films, y testimonios contemporáneos.
Cada proceso migratorio responde a diferentes realidades, motivaciones, marcos legales, coyunturas históricas. Sin embargo, cada migrante –ayer y hoy– ha de transitar por una serie de momentos y experiencias comunes: desde la decisión o necesidad de salir de su lugar de origen hasta la elección de un destino, la obtención de los recursos para llevar a cabo ese traslado, el ensayo de estrategias y la activación de redes que le faciliten la inserción para llegar finalmente al arraigo y, con él, al establecimiento de marcas de identidad, que pueden leerse como puentes entre el sitio de origen y el de arribo.
Esta exposición, situada en este emblemático edificio que albergó en el pasado –y por el que pasan a diario hoy día– a miles de migrantes, invita a los visitantes a recrear la experiencia de migrar recorriendo cada uno de los tramos propuestos –viaje, arribo, inserción y legado–, activando la memoria singular y colectiva, revisando el pasado y el presente de una historia que se escribe con “todos los hombres y mujeres que quieran habitar el suelo argentino”
De esta manera, la UNTREF retoma un espacio tanto para la construcción de la memoria histórica como para la reflexión de las condiciones actuales de las migraciones; respetando a los inmigrantes que se afincaron y encontraron una patria y reivindicando al mismo tiempo a los pueblos originarios que están en la base de nuestra nacionalidad. Este Museo de la Inmigración, tiene como rasgo diferencial el presentar al público la experiencia del migrar en sus tramos del viaje, la llegada, la inserción y el legado, procurando que el espectador indague en las condiciones del migrante del pasado tanto como en las actuales, con la inclusión de documentación histórica, fotografías, films, y testimonios contemporáneos.
Cada proceso migratorio responde a diferentes realidades, motivaciones, marcos legales, coyunturas históricas. Sin embargo, cada migrante –ayer y hoy– ha de transitar por una serie de momentos y experiencias comunes: desde la decisión o necesidad de salir de su lugar de origen hasta la elección de un destino, la obtención de los recursos para llevar a cabo ese traslado, el ensayo de estrategias y la activación de redes que le faciliten la inserción para llegar finalmente al arraigo y, con él, al establecimiento de marcas de identidad, que pueden leerse como puentes entre el sitio de origen y el de arribo.
Esta exposición, situada en este emblemático edificio que albergó en el pasado –y por el que pasan a diario hoy día– a miles de migrantes, invita a los visitantes a recrear la experiencia de migrar recorriendo cada uno de los tramos propuestos –viaje, arribo, inserción y legado–, activando la memoria singular y colectiva, revisando el pasado y el presente de una historia que se escribe con “todos los hombres y mujeres que quieran habitar el suelo argentino”
![]() |
| EQUIPAJE |
![]() |
| HELADERA SIAM. |
![]() |
| LIBRO DE TRADUCCIONES DE OTROS PAÍSES. |
![]() |
| CAMA DONDE DORMÍAN LOS INMIGRANTES. |
![]() |
| EQUIPAJE DE LOS INMIGRANTES. |
![]() |
| VISTA DEL PUERTO, DESDE EL HOTEL. |
Bernardi Roig.
Blanco
sobre blanco, luz absoluta, parecen ser los términos que delimitan las
figuras de Bernardí Roig, sin embargo, es mucho más que esto. Son
presencias inquietantes que ocupan el espacio, conviven con nosotros y
hasta pareciera que les molestamos. Son ellas las que están allí con sus
dilemas, encerradas en sí mismas con los ojos cerrados, apretados,
cargando el peso de una historia que desconocemos pero que por su
posición relativa dentro del sitio elegido por el artista, podemos
intuir.
Figuras, presencias, sujetos mudos destinados a asistir, sin saberlo, a
nuestro paso. Enigmáticas, cada una de estas piezas interpela, a quien
las descubre, sobre su propia condición, sobre ese vicioso hábito de
mirar y con la mirada hurgar en la intimidad del otro.
Bernardí rehúye de la noción de escultura al hablar de estos personajes.
“No me reconozco como escultor”, dice, “yo soy dibujante”. Es ante esa
afirmación que aparece la cuestión sobre el dibujo en el arte
contemporáneo, que da origen a una parte importante de esta exposición:
el repertorio de más de 150 dibujos, exentos la mayor parte de ellos y
de gran tamaño en muchos casos, o integrados en cuadernos de notas, que
revelan el universo creador de este artista proteico en sus diferentes
etapas. El común denominador es la capacidad de representación
figurativa, el virtuosismo, la mímesis alcanzada y su contraparte: la
ira ante frente al resultado magistral.
La imagen y su negación parece ser uno de los leitmotiv del trabajo de
Roig: así en los dibujos como en el modo en que impone sus figuras en el
espacio forzándonos a reponer no sólo lo que queda velado o aquello que
imaginamos que está del “otro lado”, sino reteniendo en cada trabajo la
tensión del momento de su producción.
Así, la muestra asumió en el diálogo con el artista dos formatos
independientes pero complementarios: el de las intervenciones en el
edifico del viejo Hotel de inmigrantes que alberga el Centro de arte
Contemporáneo de Muntref, que nos conduce a verlas y a vernos viéndolas;
y el gabinete de dibujos, alojado en una de las salas del centro que
aporta, entre otras cuestiones, la ocasión de revisar el sitio del
dibujo, su fragilidad y potencia dentro del proyecto de un artista
contemporáneo. Una vez más, la propuesta curatorial funciona como
invitación a recorrer, descubrir, e internarse en el complejo imaginario
del artista y pensar con él. En tanto sus pinturas y esculturas me parecieron muy tétricas por así decirlo. Una de sus pinturas que no saque foto aparece una cara prendida fuego y estallada, qué miedo que tenía.
Leandro Erlich.
Puerto de memorias.
Puerto, lugar de partida y arribo. Sitio destinado a dar abrigo
a las embarcaciones después de una travesía, en una tormenta, o como
una escala para repostar combustibles, alimentos, pasajeros. Los puertos
son esos lugares donde los flujos de gentes se cruzan entrando y
saliendo de un territorio. Son puerta de acceso al encuentro de otras
experiencias, o de salida o escape de situaciones diversas. Los puertos
son espacios fijos, destinados a albergar situaciones móviles, en las
que se encuentran de manera fugaz, accidental, insospechada, personas de
distintas procedencias, con diferentes propósitos. Es en los puertos
donde conviven silenciosas, miles de historias que, si asumieran voz, se
advertirían en muchos casos similares, en otros divergentes, pero
siempre singulares.
Si los puertos son espacios de tránsito, lo son también de
memorias, ya que en ellos se fija, como en un momento preciso, el punto
de partida o de abandono –lo que en un sentido es lo mismo, dado que
todo fin es a la vez un comienzo- de un proyecto, de una historia, de
una experiencia.Memorias en bisagra, de lo que se abandona y lo que se inicia, del eterno devenir, del flujo persistente de las aguas y lo que ellas traen y se llevan. Un proyecto que se inició en Corea como Port of reflections y que en este nueva escala asume otras formas, incorporando un movimiento sutil, hipnótico, para sobreimprimirse en un espacio preciso, haciendo de este proyecto un sitio específico donde pasado y presente se encuentran en el prodigioso instante de la experiencia de cada uno de los que transiten sus pasarelas.
Al pasar por la pasarela pareciera que estas en un muelle y que abajo hay agua, la música también acompaña y el movimiento de los barcos (los mismos tienen resorte).













No hay comentarios:
Publicar un comentario